Por:  Isabel Padilla Camarena

El inicio de la Segunda Guerra Mundial no fue simplemente por intereses expansionistas de Alemania o el deseo de un solo hombre. Un pasado tormentoso cubre el contexto por el cual se orilló a Alemania a verse en la necesidad de iniciar una segunda guerra 20 años después de haber terminado uno de los peores conflictos bélicos que el mundo había sufrido.

Alemania había sido una nación fuerte, de grandes cambios y con ambición, siempre con una visión hacía el futuro, sin embargo; el haber sido derrotada fue una cortada en el orgullo germano, creando una humillación que despertaría años después un gran nacionalismo y el resurgimiento del phönix alemán. Así, y para comprender las razones por las cuales Alemania comenzaría su expansión territorial ocasionando el inicio de la Segunda Guerra Mundial, se debe conocer un poco más el contexto y los detalles.

El Tratado de Versalles, documento que puso fin oficialmente a la Primera Guerra, fue presentado a Alemania en mayo de 1919 como única alternativa para la paz, ya que el rechazarlo implicaba la reanudación de las hostilidades. Un mes después de su presentación, fue firmado en junio de 1919 por las potencias europeas y como era lógico por la tierra del Führer.

Uno de los puntos principales en dicho documento, determinaba que Alemania debía aceptar todas las responsabilidades por haber causado la Gran Guerra y se fijaba una indemnización para las potencias vencedoras, de un total de 140,000 millones de marcos alemanes – a Francia le correspondía el 50% de la indemnización, a Gran Bretaña el 22%, a Italia el 10% y a Bélgica el 8%. Apenas el 3 de Octubre de 2010 ¡hace cuatro años! Alemania por fin liquidó la deuda.

Además de lo anterior, se estipulaba la pérdida de territorio y de todas las colonias que tenía en África. Debía devolver los territorios de Alsacia y Lorena a Francia – ganados por Alemania en 1871 – Prusia Oriental fue desintegrada para dar territorio a la recién formada Polonia. La cuenca carbonífera del Sarre pasaría a ser administrada por la Sociedad de Naciones y explotada económicamente por Francia durante 15 años, perdiendo con esto parte considerable de su producción agrícola y mineral.

Alemania perdió en total el 13% de su territorio – donde vivía el 10% de su población total. Fue ocupada por las tropas aliadas, dejada sin artillería pesada, submarinos y aeronaves y además su armada fue limitada a 100,000 hombres y 4,000 oficiales, muy pocos hombres para mantener el control interno considerando los disturbios de la postguerra.

Los alemanes siempre consideraron el tratado como un dictamen -diktat- impuesto a la fuerza, sin la posibilidad de un mecanismo de negociación. Los aliados se reunieron anteriormente para plantear los puntos del Tratado, sin embargo; los alemanes no fueron admitidos en la Conferencia de Versalles y el documento final no tenía posibilidad de negociación alguna. Alemania no podía soportar el precepto de que se aceptara toda la culpa y la responsabilidad en la iniciación de la guerra y las condiciones tan duras en las que se les impuso la paz.

La firma del Tratado originó tensión e inestabilidad política y social, principalmente entre quienes estaban a favor de revocar el tratado y aquellos que intentaban suavizar las cláusulas más perjudiciales, lo que generó una gran división interna. Esto y las condiciones impuestas por el exterior, fueron utilizadas por el nazismo para alcanzar el poder y como pretexto para su política expansionista.

En lugar de haber sido un tratado de paz, fue uno que propicio otra guerra. La paz impuesta sirvió a Hitler como base para increpar a quienes lo firmaron. El tratado proponía y buscaba mantener al país en una situación de debilidad permanente para que nunca más fuera una amenaza… estaban en un error.

Muchos historiadores concuerdan en que quedó demostrado cómo muchos puntos del Tratado de Versalles, dieron lugar a futuros conflictos. El nazismo aprovechó el estado de debilidad y desesperación de la población germana y Hitler supo aprovechar la inestabilidad del país a su favor y dar inicio al Tercer Reich alemán. Un Imperio que renació de las cenizas y con más fuerza. Las potencias mundiales no sabían que gracias a un pedazo de papel y una firma, despertarían a un gigante que duró en paz tan solo 20 años.

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