Por: Juan David Betancur.

Consultor de empresas. Fabricando pensamientos desde la Florida. Americano de origen latino. Economista. JuDaBetancur@gmail.com

Hace poco, un amigo y colega, exconsultor en McKinsey & Company, una de las compañías de consultoría más importantes del mundo, me comentó que había leído un libro que lo había inspirado a renunciar y a crear una empresa de venta de alimentos. Mi reacción fue de admiración y pensé que se trataba de una broma, sin embargo; al leer “Smart people should build things” de Andrew Yang comprendí lo que me decía.

El autor se define como un abogado en recuperación, una persona que se dio cuenta a tiempo que las leyes no eran para él y decidió fundar “Venture for America”, una organización que busca que los jóvenes más inteligentes de los Estados Unidos, trabajen para una startup o funden una, ya que esto, de acuerdo con él, redirigirá a las generaciones de jóvenes a innovar y construir nuevos negocios.

En su libro deja muy en claro, a través de la narración de historias de éxito, como la gran mayoría de los universitarios deciden por cuestiones económicas y de status, hacer carrera en el mundo de la consultoría, las finanzas, la medicina y las leyes, sin embargo; esta tendencia y distribución del talento humano, está llevando la economía y la cultura del sueño americano a una tendencia negativa. En otras palabras, la juventud norteamericana prefiere trabajar y hacer más grandes a las grandes corporaciones que crear sus propias aventuras empresariales.

Resulta interesante el modo en que Andrew Yang cuenta su historia y como decide dejar su carrera en el mundo de los elegantes despachos de abogados para sumarse a los trabajos de su primer empresa.

Como muchos otros fracasó, pero la emoción de construir algo grande y ser dueño de su destino, así como la posibilidad de generar valor público, lo atrapó.

“No es que esté mal trabajar como empleado, pero aún siendo trabajos prestigiados, no son necesariamente la mejor preparación para comenzar una empresa y acostumbrarse al riesgo… y lo que los países necesitan son empresas que generen empleos y valor público agregado”. El impacto final de esta práctica va en detrimento del desarrollo de la innovación, la inteligencia y por lo tanto, de la economía de todos los países.

Yang expone de manera magistral, en la primera parte del libro, el problema de la falta de nuevos empresarios y desarrolla en la segunda, recomendaciones y posibles soluciones, para posteriormente presentarnos “Venture for America” una organización que cofundó teniendo como base 3 objetivos principales:

  1. Revitalizar las ciudades y comunidades de los Estados Unidos a través del emprendedurismo.
  2. Empoderar a los mejores y más brillantes jóvenes para crear nuevas oportunidades de desarrollo empresarial.
  3. Recuperar la cultura de los logros para incluir: la creación de valor, la relación riesgo – beneficio y el bien común.

Si alguna vez, se ha preguntado porque tantos jóvenes se convierten en empleados al terminar la Universidad y tan pocos en empresarios, este libro es para Usted. Y si Usted, es de los que piensa que más vale ser colaborador de una empresa trasnacional, lea el libro y mientras tanto, permítame preguntarle: ¿Quién fue el empleado número 8 de Google en 1999? ¡Yo tampoco lo sé! Pero si sé que Larry Page y Sergey Brin fueron sus fundadores.

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