Por: Isabel Padilla Camarena

Después de haber aceptado la culpabilidad por haber iniciado la Gran Guerra, Alemania se vio sumergida en un periodo de oscuridad. Nunca aceptó que la obligaran a firmar por completo el Tratado de Versalles. El Sentimiento de injusticia se percibía entre la población alemana, principalmente por las pérdidas territoriales y las cargas materiales en forma de reparaciones de guerra que debían pagar a las potencias vencedoras.

Alemania siempre había sido dominada por burgueses hasta el fin de la Gran Guerra, pero una revolución interna en 1918 obligó al Kaiser Guillermo II y a los príncipes gobernantes de los demás estados alemanes a abdicar; así, con la caída del Imperio Alemán en 1918 y una monarquía que poco a poco se iba desvaneciendo, dio inicio a un pequeño periodo de democracia en el cual, un año después se instauró la República de Weimar – dominada por las mismas elites políticas-, la cual solo duró 11 años y su gobierno se caracterizó por una gran inestabilidad política, económica y social.

El periodo entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, fue una época de desesperación para Alemania. Humillada y débil, debía hacer frente a los cargos presentados en su contra por el Tratado de Versalles firmado el 28 de Junio de 1919.

Aunado a lo anterior y como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, los países destruidos – entre ellos Alemania – habían recibido fuertes préstamos por parte de los Estados Unidos con el fin de reconstruirse, sin embargo; los desajustes en la economía norteamericana por el gran número de créditos otorgados desencadenaron la crisis de 1929 y el apoyo financiero a los países de Europa se canceló. Al disminuir la inversión y apoyo estadounidenses, Alemania comenzó a derrumbarse ya que además de mantenerse a flote, debían responder por las deudas contraídas.

La obligación de estar pagando constantemente a Francia, más la baja capacidad de producción y el nulo crecimiento económico, generaron una creciente inflación que a su vez causó un aumento en el desempleo, llegando a ser casi de 6 millones de personas. La elevada inflación casi termina con la clase media, quienes empobrecidos y sin un rayo de esperanza, comenzaron a sentirse atraídos por los grupos políticos radicales, con la ilusión de que ellos pudieran hacer un cambio.

Las condiciones económicas y los ideales radicales, originaron que la República de Weimar cayera por su propio peso, ya que no fue capaz de solucionar sus problemas perdiendo así, la credibilidad y el apoyo de su mismo pueblo.

La inestabilidad abrió la puerta a los partidos políticos radicales, principalmente al NSDAP, Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, fundado en 1919, al cual Adolfo Hitler se unió y tras un año de afiliación, llegó a convertirse en el líder del partido comúnmente conocido como Nazi.

Hitler supo aprovechar la desesperación del pueblo alemán para llegar al poder y años después gobernar instaurando un nuevo orden político, económico y social.

El periodo entre guerras de Alemania fue uno de los más oscuros y desesperados de su historia, un lapso de debilidad que a la distancia, nos sigue demostrando que el espíritu del pueblo germano jamás se ha vencido fácilmente.

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