Por: Isabel Padilla Camarena

Columnista invitada

 

El Nazismo es considerado como uno de los máximos males que ha vivido la humanidad. Al mencionarlo, nos vienen a la mente los horrores de la Segunda Guerra Mundial y nos preguntamos ¿cómo es posible que un pueblo civilizado y moderno haya puesto toda su confianza en un solo hombre y su fanatismo? Hasta la fecha, la pregunta no tiene una respuesta clara pero la historia y algunas teorías sociales proporcionan ideas y perspectivas de lo que el pueblo alemán sufrió para llegar a apoyar un régimen fascista.

Sabemos que la República de Weimar fue un fracaso total y que la gran mayoría concluyó  que la democracia no los sacaría de la crisis económica. Alemania continuaba sin capital ni capacidad productiva; y con la Gran Depresión, su pueblo comenzó a sufrir de hambruna.

Apenas podían mantenerse a ellos mismos y eran forzados a continuar pagando la deuda de la Primera Guerra Mundial.

Pero en medio de la oscuridad de la crisis, surgió un rayo de esperanza que dio al pueblo alemán la fuerza para mantenerse en pie: Adolf Hitler. El Führer, un artista frustrado que vagaba por las calles de Viena esperando que sus pinturas le dieran el sustento diario, ingresó en la política y le dio fuerza a un partido en decadencia. Hitler ganó fuerza y seguidores, mientras que sus deseos y frustraciones pasadas destruyeron por completo su pasión artística para dar paso a la estratégica política y militar.

La crisis económica desacreditó a las democracias liberales, los regímenes absolutistas que surgieron en Italia y la URSS demostraron ser capaces de controlar y resolver los problemas de mejor manera, por ello depositar la confianza en un solo hombre con poder absoluto, parecía la respuesta para salir de la miseria.

Hitler era un excelente orador y con su oscuro carisma atrajo a las masas. El pueblo desesperado escuchaba a ciegas las promesas de una vida mejor y el resurgimiento de una nueva y gloriosa nación. La pobreza de las calles impregnaba las ciudades con aires de terror -hambre, desempleo y violencia- y así las fantasías de un personaje solitario y las ideas de un partido, fueron suficiente para levantar a una nación que parecía derrotada.

Si bien su poder y credibilidad crecía, Hitler no pudo ganar la Presidencia en 1933, sin embargo; el Canciller Von Papen, representante de la derecha, le concedió al futuro dictador, la disolución del Parlamento y autorizó la creación de las SS, las famosas tropas de asalto del ejército nazi.

La inconformidad de Hitler por ser el segundo al mando se desbocó y aprovechó el misterioso incendio en el Reichstag – el parlamento alemán -, para acusar a los comunistas de ocasionarlo, declarando un estado de emergencia y solicitando al Reichstag que le otorgara poderes plenos para pasar leyes o decretos sin su intervención.

Con la Cancillería bajo su mando se dedicó a reorganizar y fortalecer a Alemania, mientras asesinaba a la democracia. Sus ideales racistas y autoritarios fueron desvaneciendo las pocas libertades que el país conservaba, los partidos de oposición desaparecieron y todas las instituciones, la cultura, la economía y la educación cayeron bajo dominio Nazi.

A pesar de lo anterior, el nazismo generó trabajo e ingreso para los miles de desempleados alemanes. Se desarrolló el país a través de la construcción de infraestructura, utilizando un sector de la mano de obra que estaba en paro y el resto destinándolo al campo y la agricultura. La economía de las familias se recuperaba y en clara oposición al Tratado de Versalles, Hitler ordenó la suspensión del pago de las indemnizaciones por la derrota de la Primera Guerra Mundial para que el capital producido en su país, fuera de beneficio para ellos mismos.

Hitler tenía el poder absoluto en Alemania, el Partido Nazi se ganó al pueblo y cuando sus raíces se encontraron firmes en la sociedad, los ideales políticos del partido fueron introducidos con el libro Mein Kampf – la biblia del régimen – y adoptados por la población debido ha que habían demostrado que eran generadores de orden y progreso, y ¿cómo no confiar en el líder y los ideales que en la peor de tus crisis, te dieron ingreso y alimento?

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