Por: Jesús Belenguer

Director de Seguridad Privada y CEO de Personal Security (ESPAÑA)

Una decisión habitual cuando se viaja por primera vez a un país de una cultura distinta es la de alojarse en un hotel de cinco estrellas y se trata de una buena decisión. Estas cadenas permiten mantener el contacto con la idiosincrasia local, a la vez que ofrecen un ambiente normalizado y, sobre todo, muy seguro. Todos disponen de un excelente equipo de seguridad, al que el huésped puede acudir en demanda de consejo o, incluso, solicitar ayuda para la contratación legal de servicios especializados. Una vez que conozcamos la zona, podemos optar por otras alternativas.

Si el hotel está ubicado en un rascacielos, debe solicitar al personal que le acompañe que le muestre la ficha de seguridad (similar a la de un avión), le indique la ubicación de la máscara de gas y compruebe que el precinto está intacto. Si comparte la habitación o prevé hacerlo, solicite una máscara adicional. No dude en preguntar dudas y si no queda satisfecho, diríjase al personal de recepción que, si es necesario, le pondrá en contacto con el equipo de seguridad. Tenga en cuenta que el comportamiento que debe adoptar en una situación de emergencia en un rascacielos puede ser muy diferente al que usted está acostumbrado.

En general, una estancia segura comienza antes de partir. La ubicación ideal de la habitación debe estar entre la planta tercera y la séptima. De este modo, estaremos en el radio de acción de los medios de rescate locales y prudentemente alejados de la calle, de donde pueden surgir otras amenazas como asaltos, ondas expansivas, etc.

Cuando se viaje en grupo, salvo que esté contraindicado por otros motivos, todo el grupo se alojará en la misma planta. Estas medidas, junto con la consulta de los recursos de seguridad, deben ser pactadas antes de la contratación del alojamiento. En la mayoría de los casos, se resuelve con una llamada de teléfono o un correo electrónico.

La recepción de un hotel acostumbra ser un lugar concurrido. No permita que el recepcionista diga en voz alta su número de habitación y, si debe dejar su llave en recepción al salir, entréguela en mano. Cuando la solicite, al regresar, muestre su pasaporte, no la pida de viva voz. Del mismo modo, evítelo en el desayuno o al usar otros servicios del hotel.

Si viaja solo, pida que le acompañen a la habitación la primera vez, compruebe que se encuentra vacía y que no es posible el acceso desde otra contigua o desde el exterior. Aproveche para interesarse por las normas de seguridad, especialmente por el protocolo en caso de incendio y, durante su estancia, si se siente inseguro, no dude en pedir que le acompañen hasta su habitación. En el caso de las viajeras, la medida anterior es especialmente importante. Además, se debe tener en cuenta que, en algunas culturas, dicha solicitud realizada a alguien puede ser interpretada como una invitación a algo más. Lo más prudente es solicitar al responsable de recepción que un miembro del equipo de seguridad del hotel le acompañe a la habitación. Las alarmas personales son dispositivos imprescindibles en este tipo de situaciones.

Todavía hay hoteles donde se usan tarjetas colgadas de la puerta para informar al personal de que pueden arreglar la habitación, o que el huésped se encuentra en su interior, ocupado, o durmiendo. No se deben usar jamás, si desea que limpien la habitación, llame por teléfono a la recepción para solicitarlo. Mientras esté en su interior, además de cerrar con pestillo la puerta, puede usar un sistema portátil de bloqueo de la misma, otro elemento indispensable en el equipaje de un viajero. Hay modelos que incorporan una potente alarma, lo que incrementa notablemente su seguridad.

Una regla instintiva de seguridad es no estar en los lugares donde se puede prever su presencia. Por ejemplo, si se encuentra en un hotel urbano a pie de playa, no se coloque en la zona inmediata al hotel. Doscientos metros a derecha o izquierda le sumirán en el anonimato. Esta misma regla se puede aplicar a la costumbre de “estirar las piernas” después del trabajo. En la mayoría de los casos, no es recomendable salir a pie del hotel, lo indicado sería hacer uso de las instalaciones deportivas internas, disminuyendo en lo posible la exposición al exterior y, en otros, puede estar recomendado trasladarse en coche a una zona de paseo segura y pactar una hora de recogida. Como norma general, se debe salir y llegar al hotel siempre en automóvil y se debe sospechar de todo taxista que plantea la posibilidad de bajar al pasajero en las inmediaciones del hotel, sin penetrar el perímetro de seguridad.

Ciertas culturas castigan duramente el consumo de drogas o alcohol. El hecho de que algunos hoteles de las grandes cadenas dispongan de bares donde se sirve alcohol, no significa que en el interior del hotel no rijan las mismas normas. Manifestar signos de embriaguez o, simplemente, sufrir un pequeño incidente dentro del hotel después de haber consumido alcohol, puede tener graves consecuencias. Lo mismo se puede aplicar a otras expresiones culturales. Como norma general, es más seguro respetar las costumbres locales durante toda la estancia y aprovechar para embebernos de ellas, lo que seguramente mejorará nuestro conocimiento y capacidad de negociación.

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