Por: Andrés Navarro

La afamada serie producida por Netflix en la cual se narra la historia de un equipo de fútbol y sus directivos, no solo refleja lo que sucede tras bambalinas en el balompié nacional, sino también lo que pasa cuando personas sin preparación, vocación y experiencia asumen posiciones de liderazgo y autoridad en organizaciones de relevancia: caprichos, errores garrafales y una serie de efectos secundarios y desgracias que desnudan la incapacidad de aquellos que bajo el dicho de “yo soy el Presidente” imprimen su voluntad a las acciones vergonzosas que los destinan al basurero de la historia.

¿Cuántos casos de estos hemos sufrido? ¿por cuánto tiempo se sobrellevan las consecuencias? y sobre todo, ¿qué impacto económico tienen sus malas decisiones? Ejemplos sobran en los gobiernos y las empresas familiares. Desde hijos de dueño que sin mérito alguno dirigen y terminan con lo logrado por otras generaciones; hasta funcionarios que piensan que gobernar es un juego, que las ilusiones de los votantes son desechables y que las promesas de campaña pueden olvidarse horas después de tomar posesión.

De acuerdo con el Índice de Competitividad del Foro Económico Mundial, el nivel de confianza en los políticos en México ha disminuido 10 escalones para colocarse en el lugar 124 de 140 naciones evaluadas, lo que nos resta competitividad. ¿Cómo no desconfiar de la clase política, si muchos, como algunos líderes empresariales lo han declarado, son ignorantes, corruptos o ambos?

La respuesta entonces para recibir buenos resultados de las personas en posiciones de relevancia – como en el caso de Chava Iglesias y los Cuervos – tiene más que ver con la selección y su nivel de mérito. Una persona integra, profesional y preparada entendería que la institucionalidad y la planeación generan éxito, no así las arrebatos; aceptaría cuando no es especialista para llamar a los que si; y lo más importante, buscaría por honorabilidad y decencia cumplir su palabra y su responsabilidad, más allá de preocuparse por banalidades.

Daron Acemoglu y James Robinson, autores de Por qué fracasan los países, aseguran que gran parte del tropiezo se debe a que no se asegura la prosperidad de los ciudadanos y esto es consecuencia de sistemas políticos extractivos y exclusivos. Extractivos porque se utilizan los recursos públicos nacionales y exclusivos porque solo se busca el beneficio de un sector pequeño de la población. Me parece conocido.

Chava Iglesias fue Presidente de los Cuervos de Nuevo Toledo por herencia, reinó el ego, la ignorancia y la prepotencia; como consecuencia su equipo no pasó a la liguilla,

sin embargo; cuando se trata de sociedades y su progreso, la diferencia no es pasar a la liguilla sino vivir en la pobreza, la injusticia y la necesidad o golearlas, para terminar con ellas.

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