Martes, abril 25, 2017
Reflexiones

Por: Jesús Belenguer

Director de Seguridad Privada y CEO de Personal Security (ESPAÑA)

Una decisión habitual cuando se viaja por primera vez a un país de una cultura distinta es la de alojarse en un hotel de cinco estrellas y se trata de una buena decisión. Estas cadenas permiten mantener el contacto con la idiosincrasia local, a la vez que ofrecen un ambiente normalizado y, sobre todo, muy seguro. Todos disponen de un excelente equipo de seguridad, al que el huésped puede acudir en demanda de consejo o, incluso, solicitar ayuda para la contratación legal de servicios especializados. Una vez que conozcamos la zona, podemos optar por otras alternativas.

Si el hotel está ubicado en un rascacielos, debe solicitar al personal que le acompañe que le muestre la ficha de seguridad (similar a la de un avión), le indique la ubicación de la máscara de gas y compruebe que el precinto está intacto. Si comparte la habitación o prevé hacerlo, solicite una máscara adicional. No dude en preguntar dudas y si no queda satisfecho, diríjase al personal de recepción que, si es necesario, le pondrá en contacto con el equipo de seguridad. Tenga en cuenta que el comportamiento que debe adoptar en una situación de emergencia en un rascacielos puede ser muy diferente al que usted está acostumbrado.

En general, una estancia segura comienza antes de partir. La ubicación ideal de la habitación debe estar entre la planta tercera y la séptima. De este modo, estaremos en el radio de acción de los medios de rescate locales y prudentemente alejados de la calle, de donde pueden surgir otras amenazas como asaltos, ondas expansivas, etc.

Cuando se viaje en grupo, salvo que esté contraindicado por otros motivos, todo el grupo se alojará en la misma planta. Estas medidas, junto con la consulta de los recursos de seguridad, deben ser pactadas antes de la contratación del alojamiento. En la mayoría de los casos, se resuelve con una llamada de teléfono o un correo electrónico.

La recepción de un hotel acostumbra ser un lugar concurrido. No permita que el recepcionista diga en voz alta su número de habitación y, si debe dejar su llave en recepción al salir, entréguela en mano. Cuando la solicite, al regresar, muestre su pasaporte, no la pida de viva voz. Del mismo modo, evítelo en el desayuno o al usar otros servicios del hotel.

Si viaja solo, pida que le acompañen a la habitación la primera vez, compruebe que se encuentra vacía y que no es posible el acceso desde otra contigua o desde el exterior. Aproveche para interesarse por las normas de seguridad, especialmente por el protocolo en caso de incendio y, durante su estancia, si se siente inseguro, no dude en pedir que le acompañen hasta su habitación. En el caso de las viajeras, la medida anterior es especialmente importante. Además, se debe tener en cuenta que, en algunas culturas, dicha solicitud realizada a alguien puede ser interpretada como una invitación a algo más. Lo más prudente es solicitar al responsable de recepción que un miembro del equipo de seguridad del hotel le acompañe a la habitación. Las alarmas personales son dispositivos imprescindibles en este tipo de situaciones.

Todavía hay hoteles donde se usan tarjetas colgadas de la puerta para informar al personal de que pueden arreglar la habitación, o que el huésped se encuentra en su interior, ocupado, o durmiendo. No se deben usar jamás, si desea que limpien la habitación, llame por teléfono a la recepción para solicitarlo. Mientras esté en su interior, además de cerrar con pestillo la puerta, puede usar un sistema portátil de bloqueo de la misma, otro elemento indispensable en el equipaje de un viajero. Hay modelos que incorporan una potente alarma, lo que incrementa notablemente su seguridad.

Una regla instintiva de seguridad es no estar en los lugares donde se puede prever su presencia. Por ejemplo, si se encuentra en un hotel urbano a pie de playa, no se coloque en la zona inmediata al hotel. Doscientos metros a derecha o izquierda le sumirán en el anonimato. Esta misma regla se puede aplicar a la costumbre de “estirar las piernas” después del trabajo. En la mayoría de los casos, no es recomendable salir a pie del hotel, lo indicado sería hacer uso de las instalaciones deportivas internas, disminuyendo en lo posible la exposición al exterior y, en otros, puede estar recomendado trasladarse en coche a una zona de paseo segura y pactar una hora de recogida. Como norma general, se debe salir y llegar al hotel siempre en automóvil y se debe sospechar de todo taxista que plantea la posibilidad de bajar al pasajero en las inmediaciones del hotel, sin penetrar el perímetro de seguridad.

Ciertas culturas castigan duramente el consumo de drogas o alcohol. El hecho de que algunos hoteles de las grandes cadenas dispongan de bares donde se sirve alcohol, no significa que en el interior del hotel no rijan las mismas normas. Manifestar signos de embriaguez o, simplemente, sufrir un pequeño incidente dentro del hotel después de haber consumido alcohol, puede tener graves consecuencias. Lo mismo se puede aplicar a otras expresiones culturales. Como norma general, es más seguro respetar las costumbres locales durante toda la estancia y aprovechar para embebernos de ellas, lo que seguramente mejorará nuestro conocimiento y capacidad de negociación.

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Por: Mariano Vázquez Bravo

Maestro en Periodismo por la Universidad de Barcelona. Estudiante de la vida. Escritor por amor a las letras. Investigador y colaborador de varias publicaciones en Iberoamérica.

@MVazquezBravo

Pocas veces hablo de política porque no confío en los políticos pero con las elecciones en la siguiente página del calendario y a raíz de una discusión que tuve hace poco, quiero expresar un par de puntos.

Yo no soy de los que cree en izquierdas y derechas, más allá de para dar direcciones y defiendo que el único centro es el de la ciudad donde vivimos; ese donde está la plaza, el mercado y la iglesia. Para mí, la geografía política solo limita y reduce los espacios comunes al encajonar a priori, a quien tenemos enfrente.

Creo que todo debiera reducirse a progreso y retroceso. Así de fácil: ideas que nos hacen avanzar y caminar hacia atrás, como personas, como sociedad y como nación. Siempre he defendido el matrimonio civil entre personas del mismo sexo porque para mí solamente es un contrato, la igualdad entre hombres y mujeres, la salud pública, el gobierno federalista, la separación entre religión y gobierno, la libertad de expresión, la educación pública laica y la privada como la deseen… algunos de mis amigos me llaman socialista, yo me llamo progresista.

No estoy de acuerdo con la independencia de Cataluña, con los parlanchines de Podemos o con que Grecia no pague lo que debe y esto no me hace, como me han llamado ¡conservador y franquista! Tolero que me llamen como quieran y respeto sus creencias, pero a cambio pido que respeten las mías… ¡eso es progreso!

Como también lo es que el pobre tenga ayuda del Estado; que el anciano que ha trabajado toda su vida pagando impuestos reciba una pensión con la que pueda vivir dignamente; que los niños tengan asegurada su educación, alimentación, seguridad y salud hasta que puedan cubrírsela ellos mismos; que los corruptos sean perseguidos y terminen en la cárcel; que se termine la Monarquía y que aquellos que contaminan, paguen su fechoría. Para mí eso es progreso, como también lo es que Europa muestre humanidad ante el problema de los migrantes y los refugiados.

La despenalización de las drogas naturales es progreso porque se otorga libertad a las personas, sin embargo; si aceptas destruir tu vida consumiéndolas, es el mayor retroceso de todos… pero ¿quién es el gobierno para quitarte la libertad de hacerlo sin molestar a nadie?

Si nuestras acciones nos llevan a ser más humanos y a alcanzar un estado que logre que como especie vivamos en paz con los demás, con el planeta y sobre todo, con nosotros mismos ¡eso es progreso! y eso no cabe en la geografía ideológica de izquierdas, derechas y centros.

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Por: A. Samuels & Red...

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Por: Jesus Belenguer.

Director de Personal Security (España y Brasil). (https://es.linkedin.com/in/jesusbelenguer)

 

En los cursos de autoprotección que nuestra empresa ofrece intentamos evitar largas enumeraciones de situaciones de peligro y su correspondiente protocolo de respuesta, ya que son aburridas y muy poco eficaces.

Nuestro objetivo es crear instinto, educar supervivientes. El título de este artículo expresa una de nuestras máximas: “Si te sientes afortunado, algo va mal”. Para entenderlo nada mejor que un par de ejemplos:

“Mario llegó hace tres días a Buenos Aires. Esta mañana se le han pegado las sábanas, todavía no se ha recuperado del “jet lag”, sale a toda prisa de la primera cita del día. Al llegar, ha visto una oficina del Banco Nación a dos manzanas. Si se da prisa, puede cambiar un poco de dinero y si no hay muchos problemas de tráfico, llegará a tiempo a la siguiente cita. Sonríe al entrar, no hay cola, cambia trescientos euros y sale a la calle con la esperanza de encontrar un taxi. “Para, para, para…” — piensa cuando nada más salir del banco un taxi dobla la esquina. Levanta el brazo y sorprendentemente el taxi se detiene a su lado. Entra sonriendo y así sigue hasta que en la siguiente intersección, el taxi se detiene y dos tipos con perverso aspecto suben al coche…”

 “Luis ha terminado el informe de la semana y le quedan un par de horas hasta la cena. Decide dar un paseo por los alrededores del hotel. Ha sido una semana dura y le apetece estirar las piernas. “Peoples’ Square” está en pleno bullicio de fin de semana. Se para delante de un anciano que con una habilidad pasmosa hace insectos doblando unos tallos flexibles. Al levantar la vista dos chicas le miran sonrientes. “Hellooooo! Where are you from?” — Le preguntan entre risas y cuchicheos. Se presentan como estudiantes de turismo, alaban el inglés de Luis y le proponen tomar un café en un bar cercano para poder practicar un poco el idioma. A cambio le pueden sugerir una ruta para conocer Shanghai y aprovechar el domingo. Luis está encantado, se dirigen a unas callejuelas cercanas, le van a mostrar un lugar donde sirven los auténticos pastelillos de la luna. Unas horas después, Luis se despierta con un enorme dolor de cabeza en lo que parece un almacén abandonado lleno de trapos sucios.”

Estos ejemplos son reales. Los hemos coleccionado durante veinte años de viajes, misiones, ferias. Hemos hecho más de cien encuestas, unas formales, la mayoría, tomando una copa en el hotel. Por supuesto los protagonistas de las anteriores no se llaman Mario y Luis.

Cada una de las situaciones de la vida normal dan para un curso y los taxis son un  desafío a la seguridad. La tecnología ayuda mucho, las “taxi-apps” (Uber y Cabify) han mejorado notablemente la seguridad allí donde existen. Donde no, seguimos con los viejos consejos:

En muchos casos es barato y seguro llegar a un acuerdo con un taxista local y aún con todo, no olvides grabar el número de teléfono de una empresa de confianza.

Haz una foto del frente del coche al subir y envíala por correo electrónico. No lo hagas disimuladamente, hazlo saber al conductor. Si no tiene intenciones ocultas, no se molestará.

Si no te queda otro remedio que coger un taxi en la calle. Nunca lo hagas donde se supone que puedes estar: a la salida de un banco, del consulado, de un edificio de oficinas… Camina un par de cuadras, descarta el primero y el segundo. Aunque tengas prisa.

Si hay hoteles en la zona, entra sin pudor y pide uno. Los hoteles bien gestionados son un oasis de seguridad, pero también pueden ser una trampa. Dan para otro curso.

Y así, un sinfín de consejos, de técnicas, de herramientas y también de dispositivos, pero la autoprotección cuando realmente funciona es cuando forma parte de nuestro instinto; por eso usamos los sentimientos y en los cursos trabajamos a fondo con ellos.

El primer escalón de la seguridad es conseguir reacciones instintivas, después, eso que llamamos “gestos” que se tratan de la automatización de hábitos seguros. Por ejemplo, descartar el primer taxi que pare, coger las habitaciones en la misma planta del hotel. El último escalón son las técnicas generales: Defensa personal adaptada, técnicas de conducción, uso de la voz, negociación, etc.

Es una actividad apasionante y muy satisfactoria, sobre todo porque la comunidad de los viajeros por motivos profesionales está formada por personas muy especiales;  viajar hace a las personas tolerantes, empáticas y me atrevería a decir que inteligentes y felices. O quizá es que sólo los que son así pueden mantener el ritmo. Pero me estoy dispersando y ya que has llegado hasta aquí, hagamos que la lectura de este artículo mejore tu seguridad.

Estimado lector: Si un día estás en un lugar ajeno a tu experiencia (esos que denominamos de riesgo) y ante una situación cotidiana viene a tu mente la frase: “¡Uff, qué suerte!”. Detente un segundo y analiza la situación. No te dejes llevar. Recuerda que a los “malos” les gusta disfrazarse de oportunidad.

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Por: Mariano Vázquez Bravo

Durante las últimas semanas y debido al trabajo o a la renovación de contratos, he tenido que realizar distintos viajes cambiando usos horarios que han venido afectando una y otra vez mis hábitos de descanso, situación que llegó a un punto casi imposible hace algunas semanas. Decidí acudir a ver un especialista y las estadísticas que me mostró, así como sus recomendaciones me dieron suficiente material para esta historia.

La Organización Mundial de la Salud, ha clasificado los trastornos de sueño como un problema de salud pública, el cual afecta al 30% de la población y que responde principalmente al estrés debido a ritmos de vida muy acelerados.

Además de un par de pastillas, el Doctor me recomendó lo siguiente:

  1. Cambia tu colchón.
  • Se trata de una inversión en tu descanso y tu salud. Prefiere los colchones de espuma, reemplaza tus almohadas cada año y tu colchón cada 7.
  1. Que tu cuarto esté fresco y obscuro.
  • La temperatura e iluminación de tu habitación es tan importante como tu colchón. Evita todas las pantallas de los aparatos electrónicos mínimo una hora antes de ir a dormir y de preferencia déja teléfonos, tables y laptops fuera de la habitación.
  1. Utiliza sábanas frescas y limpias.
  • Se trata de una indulgencia sencilla y fácil. Lava tus sábanas y compra otro par para que puedas cambiarlas continuamente. De acuerdo con una encuesta realizada en los Estados Unidos, la gente con sábanas más frescas y con buen aroma duermen mejor y amanecen descansados.
  1. Consiéntete.
  • Date de vez en cuando, un día de descanso en casa. No es necesario ir a un SPA para reponer las energías perdidas, desconéctate de tus actividades regulares (y de tu teléfono) y trata de vivir tranquilamente esa jornada.

Con cierta incredulidad cambié mi colchón que tenía más de 10 años de uso, comencé a abrir las ventanas de la habitación por las noches, cambio cada 3 días las sábanas y al llegar a casa, dejé de utilizar mi iPhone y tengo que decirles que si a mí, que estoy peleado con Morfeo me ha funcionado a la perfección, puede hacer maravillas con ustedes.

¡Dulces sueños!

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Por: Juan Pablo Ramírez B...

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Por: Mariano Vázquez Bravo

Maestro en Periodismo por la Universidad de Barcelona. Estudiante de la vida. Escritor por amor a las letras. Investigador y colaborador de varias publicaciones en Iberoamérica.@MVazquezBravo

A finales del otoño, un camión de volteo vació 8 millones de monedas fuera del edificio del Parlamento en Berna, una por cada ciudadano suizo, como parte de un movimiento de personas a favor de una política social que puede convertirse en realidad en el pequeño país europeo. Además de las monedas, los activistas presentaron el número de firmas necesarias para llevar a cabo un referéndum sobre asegurar, sin restricciones, un ingreso mensual a cada ciudadano.

Enno Schmidt, figura clave en el impulso de esta política asegura “Suiza es el único país en Europa -y tal vez en el mundo- donde la gente tiene derecho a hacer algo real, a través de la democracia directa”; esto significa que su democracia funciona tan bien que podrían votar por establecer el derecho a la cerveza gratuita, si lo desean.

La medida ha prosperado por el sentimiento de indignación entre los suizos ante la noticia de que algunos de sus bancos más importantes, como el UBS, habían pagado bonos millonarios a sus ejecutivos a pesar de las grandes pérdidas que reportaron en años anteriores. En ese contexto, fue fácil llevar a cabo un debate sobre salarios, justicia y sobre todo, recopilar las 100.000 firmas necesarias para el voto sobre el ingreso universal. La pregunta interesante es ¿cuánto costaría exactamente un programa así?

Nadie presenta cifras exactas – ni siquiera el gobierno – aunque se debate muy poco si Suiza se lo puede permitir: el consenso parece ser que financieramente sí puede.

El impuesto a la renta no aumentaría necesariamente, pero el impuesto al valor agregado -sobre lo que la gente compra, más que sobre lo que percibe – podría subir entre un 20 y 30% – en el largo plazo, dicen sus partidarios; se podría ahorrar dinero, ya que un ingreso básico universal reemplazaría los pagos de asistencia social.

Pero la principal motivación tras la campaña no es económica sino cultural, un intento de hacer que la gente piense más cuidadosamente sobre la naturaleza de la vida y el trabajo, desencadenando a la pregunta personal: ¿qué estás haciendo en tu vida y si eso es realmente lo que quieres hacer?”.

Lástima que soy español y no suizo.

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Por: Mariano Vázquez Bravo

Maestro en Periodismo por la Universidad de Barcelona. Estudiante de la vida. Escritor por amor a las letras. Investigador y colaborador de varias publicaciones en Iberoamérica. marvazbra@gmail.com

Hace algunos meses mientras revisaba mi oficina, descubrí que más de la mitad de los papeles sobre mi escritorio no servían, eran obsoletos o ya no recordaba porque los tenía ahí, así que decidí comenzar a limpiarlo, continué con los cajones de mi archivero y llené dos bolsas de basura de expedientes inservibles, carpetas de presentaciones con más de 3 años y algunas lecturas que decidí escanear. Lo anterior me hizo sentir bien, así que continué con mi computadora, el guardarropa de mi casa, donde regalé ropa vieja y calzado que ya no utilizaba además de más papeles y muchas revistas. Al terminar el ejercicio, el cual duró todo un fin de semana, me sentí lleno a pesar de tener los cajones y libreros vacíos, lo que me hizo pensar en repetir este mismo y muy simple procedimiento con todo aquello que sucedía en mi vida.

Detrás de esta práctica que he repetido cada 3 semanas en oficina, casa y persona, he llegado a la conclusión de que para alcanzar la felicidad y sobre todo la simpleza y sencillez en la vida es necesario detenernos y revisar ¿Cuántos “papeles” cargamos en la mente o en el alma sin que los necesitemos? ¿Por qué nos apegamos tanto a cosas materiales, vivencias personales y prejuicios que simplemente ocupan cajones de nuestra existencia sin beneficio alguno? ¿Sería lógico traer con nosotros todo el tiempo los cuadernos de la primaria? o ¿traer siempre puesta la playera del equipo con el que ganamos el campeonato de fútbol de la secundaria? o ¿escuchar todos los días la grabación de una discusión con algún ser querido? Y aunque al respuesta es lógica, así de raros y absurdos somos los seres humanos cuando se trata de entender el apego a las cosas materiales o emocionales.

El estilo minimalista de vida que he tratado de seguir, respeta y sigue la creencia arquitectónica de reducir cualquier cosa a lo esencial y despojar los elementos sobrantes, ya que muchas veces caemos en la trampa de que tener más, nos llevará a ser más felices y como la señora que buscaba las llaves en la acera errónea, buscamos la felicidad donde jamás la vamos a encontrar.

El apegarnos a nuestras posesiones o a nuestras emociones, el tener más que no uses y no sea útil, consume gran cantidad de energía cotidiana, ya sea para mantener el orden o simplemente porque el gran espacio que ocupa y que pudiera ser destinado para otra cosa. Pensar en cargar o guardar lo nuestro todo el tiempo, nos hace correr el riesgo de terminar por depositar nuestra felicidad en el exterior de nosotros mismos, lo que nos convierte en rehenes de los y de lo demás.

Te aconsejo que en este preciso momento, revises donde estás sentado, o la mochila o bolsa que traes contigo, o que llegando a casa abras el primer cajón o te dirijas directamente a tu guardarropa y revises lo que tienes y no has utilizado en los últimos 6 u 8 meses – yo tenía pantalones que no utilizaba desde hace 3 o 4 años – estoy seguro que encontrarás algo de lo que puedes prescindir.

Si revisas tus ideas, te las cuestionas, las filtras y desechas aquellas que no utilizas, tendrás mucho más apertura para entender los nuevos tiempos y por último, si haces un chequeo de las amistades o personas conocidas que solo ocupan cajones o que simplemente estorban dentro de tu archivero de la vida, ya sabes la respuesta.

Comienza por un cajón, sigue con el escritorio, avanza hacia el closet y los zapatos, continúa con la cocina, la mochila, el archivero, no pares e inténtalo con tus sentimientos, recuerdos y emociones; y por último, sigue con tus creencias y amistades, te darás cuenta que al igual que con la arquitectura, enfocarse en lo importante es menos y en este caso, menos es más.

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Maestro en Periodismo por la Universidad de Barcelona. Estudiante de la vida. Escritor por amor a las letras. Investigador y colaborador de varias publicaciones en Iberoamérica. marvazbra@gmail.com

Aligeremos-nuestra-carga-tusviajesaunclickSi te estás preguntando ¿cómo me fue en el año? o ¿qué me depara el siguiente año? Es probablemente tiempo de sentarte en el banquillo y hacerte un cuestionario al estilo de la Policía Nacional para que como digo yo “aligeres la carga” para hoy y para el camino que tienes por delante.

Richard Leider y David Shapiro, autores estadounidenses del libro llamado “Repacking your bags” establecen de manera muy elegante que para vivir una buena vida y alcanzar tu propia visión de vida, debes “vivir en el lugar al que perteneces, con la gente que amas, haciendo el trabajo correcto, a propósito”… lo anterior es solo un resumen de cómo puedes tener el control de tu existencia, reencontrar tu sonrisa y descubrir un mejor y más personal sentido a esto que se llama vida.

A lo largo de mi paso por el mundo, de los cientos de libros sobre el tema y las miles de conversaciones, entrevistas y escritos realizados, he llegado a un listado de 15 preguntas que todos los diciembres me planteo y trato de responder por escrito de la forma más honesta y cruda para observar el status de mis días y ajustar mi carga.

Los comparto contigo, esperando que sobre todo, encuentres una respuesta sincera a la última pregunta.

  1. ¿De qué me siento más orgulloso este año?
  2. ¿Cómo puedo mejorar en ___________?
  3. ¿Me apasiona lo que estoy haciendo?
  4. ¿Qué aprendí durante este año?
  5. ¿Cómo aproveché mi tiempo libre?
  6. ¿En qué perdí más el tiempo?
  7. ¿Estuve al pendiente de mi bienestar físico, mental y espiritual?
  8. ¿Cómo se ven mis finanzas personales?
  9. ¿Cuáles serán mis áreas a mejorar durante el próximo año?
  10. ¿He sido injusto con alguien a quien deba ofrecer disculpas?
  11. ¿Con quién quisiera pasar más tiempo?
  12. ¿En qué debo reestructurar mi vida?
  13. ¿Dónde está mi hogar, mi santuario?
  14. ¿Qué debo dejar atrás para aligerar mi carga?
  15. ¿Todo lo que hice durante este año, me hace feliz?

 

Nota del Editor: Este texto fue publicado originalmente en Diciembre de 2014, sin embargo; recibimos tantos comentarios sobre él, que hemos decidido incluirlo de nuevo como guía para este tiempo de planeación y reflexión personal.

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