Domingo, abril 30, 2017
Desde el Balcón

Por: Andrés Navarro

La afamada serie producida por Netflix en la cual se narra la historia de un equipo de fútbol y sus directivos, no solo refleja lo que sucede tras bambalinas en el balompié nacional, sino también lo que pasa cuando personas sin preparación, vocación y experiencia asumen posiciones de liderazgo y autoridad en organizaciones de relevancia: caprichos, errores garrafales y una serie de efectos secundarios y desgracias que desnudan la incapacidad de aquellos que bajo el dicho de “yo soy el Presidente” imprimen su voluntad a las acciones vergonzosas que los destinan al basurero de la historia.

¿Cuántos casos de estos hemos sufrido? ¿por cuánto tiempo se sobrellevan las consecuencias? y sobre todo, ¿qué impacto económico tienen sus malas decisiones? Ejemplos sobran en los gobiernos y las empresas familiares. Desde hijos de dueño que sin mérito alguno dirigen y terminan con lo logrado por otras generaciones; hasta funcionarios que piensan que gobernar es un juego, que las ilusiones de los votantes son desechables y que las promesas de campaña pueden olvidarse horas después de tomar posesión.

De acuerdo con el Índice de Competitividad del Foro Económico Mundial, el nivel de confianza en los políticos en México ha disminuido 10 escalones para colocarse en el lugar 124 de 140 naciones evaluadas, lo que nos resta competitividad. ¿Cómo no desconfiar de la clase política, si muchos, como algunos líderes empresariales lo han declarado, son ignorantes, corruptos o ambos?

La respuesta entonces para recibir buenos resultados de las personas en posiciones de relevancia – como en el caso de Chava Iglesias y los Cuervos – tiene más que ver con la selección y su nivel de mérito. Una persona integra, profesional y preparada entendería que la institucionalidad y la planeación generan éxito, no así las arrebatos; aceptaría cuando no es especialista para llamar a los que si; y lo más importante, buscaría por honorabilidad y decencia cumplir su palabra y su responsabilidad, más allá de preocuparse por banalidades.

Daron Acemoglu y James Robinson, autores de Por qué fracasan los países, aseguran que gran parte del tropiezo se debe a que no se asegura la prosperidad de los ciudadanos y esto es consecuencia de sistemas políticos extractivos y exclusivos. Extractivos porque se utilizan los recursos públicos nacionales y exclusivos porque solo se busca el beneficio de un sector pequeño de la población. Me parece conocido.

Chava Iglesias fue Presidente de los Cuervos de Nuevo Toledo por herencia, reinó el ego, la ignorancia y la prepotencia; como consecuencia su equipo no pasó a la liguilla,

sin embargo; cuando se trata de sociedades y su progreso, la diferencia no es pasar a la liguilla sino vivir en la pobreza, la injusticia y la necesidad o golearlas, para terminar con ellas.

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Por: Andrés Navarro.

Jamás se miente tanto en tan poco tiempo como durante las campañas electorales: Todos pueden salvar a México, sin embargo; los resultados alcanzados por los “candidatos esperanza” son generalmente mediocres. Entonces, ¿quién es capaz de ofrecer soluciones contundentes y sostenibles a los problemas del país? Y parece que la respuesta es: los emprendedores.

El impacto de las aventuras empresariales –sin importar su tamaño– no se limita al empleo e ingreso, sino que incluye el desarrollo de ideas e iniciativas, la evolución del comportamiento de los colaboradores y la solución de problemas del mercado que traen como beneficio un mejor país.

Comparando con los “salvadores de la patria”, los emprendedores tenemos competencia diaria, lo que nos obliga a modificar continuamente nuestros métodos por unos más ágiles y dinámicos. La competencia crea fuertes incentivos para la innovación y la experimentación, por ello, si los servicios públicos que ofrece el gobierno no tienen competencia, permanecen sin satisfacer las necesidades de los ciudadanos –el mercado- y sin evolucionar con el paso de las décadas, ya que no existe otra opción.

La innovación en las empresas viene de un proceso de cuestionar, pilotear ideas y validar posibles soluciones. Los emprendedores comenzamos en ocasiones no sabiendo, pero la supervivencia nos obliga a aprender. Los políticos de igual manera, comienzan en la ignorancia pero generalmente, porque en su mundo está prohibido el ensayo y el error, permanecen indefinidamente en ella.

Si se consideraran los grandes retos sociales (pobreza, educación, seguridad, legalidad, movilidad, medio ambiente, etc.) como proyectos empresariales, la manera de resolverlos sería distinta: Se utilizaría al máximo la tecnología, se enfocarían en la reducción de costos y la maximización de beneficiarios, habría un mínimo de Comisiones y Consejos y un máximo en las oportunidades de romper paradigmas y viejas prácticas, lo que llevaría sin duda a la innovación y la generación de resultados.

Los emprendedores a diferencia de los gobernantes hemos entendido, que a nadie le gustan los productos de baja calidad y alto costo. Nosotros llevamos al mercado, soluciones y productos mínimamente viables que generan valor, facilitan la existencia y satisfacen necesidades. Partiendo de lo anterior, el “negocio del gobierno” debería ser construir comunidades mínimamente viables donde los servicios públicos sean de calidad y las personas puedan desarrollarse. Tarea que ya han realizado gobiernos en diferentes puntos del mundo.

Si las autoridades en México no logran hacer lo anterior con las ciudades ya existentes, no faltará algún empresario que comience por construir ciudades y comunidades desde cero. Mientras que los políticos aseguran que “lo suyo es el arte de lo posible”, los emprendedores demostramos todos los días que para nosotros no hay imposibles.

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Por: R. Eco. Mendacione...

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Por: Andrés Navarro

Resulta imposible pensar en la sociedad moderna sin medios de comunicación masiva, ya sea la televisión, la radio, la prensa y por su puesto el internet y las redes sociales, pero ¿qué significan y representan los medios libres para los sistemas y procesos políticos? La pregunta toma mayor importancia cuando nos referimos a medios en gobiernos democráticos ya que en dictaduras resulta imposible tan solo pensar en ello.

Algunos dicen que los propietarios de los medios, operan de acuerdo a los mercados rigiéndose únicamente por principios de utilidad financiera, olvidándose de sus deberes con la democracia y la rendición de cuentas, lo que se traduce en apatía, cinismo e ignorancia de la ciudadanía. Otros aseguran que los medios son responsables de todo lo que sucede y los culpan hasta del comportamiento de las masas, las desgracias naturales, las políticas gubernamentales y hasta la falta de sabor en la salsa del desayuno.

En este sexenio, la sociedad mexicana se ha aparcado en el grupo que señala y grita en contra de ciertos medios y empresas que desde su punto de vista, han abusado de su cercanía con el poder para obtener beneficios, sin embargo; en México el debate sobre el papel y trascendencia de los medios es una mesa vacía.

Los medios tienen un rol principalísimo que se resume en una sola palabra: INFORMAR; y para lograrlo de la manera correcta y abonar a la democracia y la rendición de cuentas, los medios tienen la responsabilidad de decir los hechos como son, solo así los medios logran tener credibilidad, la cual se alcanza investigando, corroborando y practicando su profesión con estricta honestidad… la credibilidad genera mayores audiencias y las audiencias, beneficios económicos.

No creo en el rol movilizador de los medios como muchos afirman, sino más bien, en el de informar y exponer diferentes perspectivas – incluso contrarias entre si – con el único fin de que el lector se forme un criterio por si solo y actúe en consecuencia, dejando la decisión al libre albedrío del lector.

Al informar con veracidad y calidad lo que sucede en su entorno, los medios de comunicación, ayudan a establecer casi de manera natural un sistema fundamental de pesos y contrapesos que logran equilibrar a las democracias y limitar a los gobiernos; es esta su relevancia.

En otras palabras, su rol se resume en relatar lo que sucede, aplaudir lo que está bien, señalar lo que está mal y cuando es necesario, proponer soluciones.

Así de sencillo y lamentablemente, así de complicado.

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Por: GABRIEL CRUZ TW. @G...

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Por: Andrés Navarro
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La sacralización de las instituciones y nuestras leyes, es uno de los mayores defectos del sistema político mexicano, ya que lejos de permitir la experimentación e innovación, fomenta la perpetuidad de prácticas erróneas, ineficientes y obsoletas.

Una de estas “herencias intocables” es el funcionamiento de la división mínima de gobierno que marca la Constitución, es decir; los municipios y sus gobiernos, cuyas constantes fallas, evidencian que nuevas formas de pensamiento resultan fundamentales.

Durante los últimos años, varios municipios en distintos estados se han convertido en polos de desarrollo económico regional y a pesar de ello, la gran mayoría de las ciudades están sobrepasadas por su problemática diaria: inseguridad, mala planeación, deficiente movilidad urbana, escasas áreas verdes, espacios públicos de mala calidad, pobreza patrimonial y alimentaria, servicios públicos ineficientes y de pésima calidad, falta de transparencia, corrupción y más situaciones que se traducen en la existencia de ciudades olvidadas y no atendidas por sus propias autoridades e índices de calidad de vida inaceptables.

Si bien la primera explicación de los Alcaldes ha sido siempre la de la falta de presupuesto, ¿por qué ciertas partidas, como la de viáticos de su oficina siempre estén disponibles? y ¿por qué a pesar de que las arcas de la Tesorería “palidecen”, se mantienen excedentes de personal en la estructura administrativa que no generan ningún valor público agregado?, siendo esto, la principal responsabilidad de la autoridad municipal, entendiéndolo como los beneficios a los que los ciudadanos tenemos derecho y los que en el contexto actual, no pueden ser garantizados.

De la misma forma y como parte de la base estratégica de acción, los gobiernos municipales deben desarrollar sus capacidades de operación con el único objetivo de ser más eficientes y ofrecer mejores servicios.

Stephen Goldsmith, ex Alcalde de Indianápolis y una autoridad en la administración de ciudades, asegura que los servicios públicos son la prioridad principal en el funcionamiento de las urbes y que no necesariamente todos los servicios deben ser prestados por burócratas ya que existen en el mercado, siempre mejores opciones.

El gran problema de los gobiernos municipales en nuestro país es que son monopolios locales de servicios, lo que les permite ser ineficientes, tener baja calidad y trabajar despreocupados de competencia alguna.

Si una constructora puede bachear mejor y a menor costo las vías de transporte, ¿no resulta ilógico que lo esté llevando a cabo una oficina gubernamental con equipos obsoletos, plantillas recargadas y nula cultura de satisfacción del usuario y la rendición de cuentas?

Si una empresa de landscaping aprovecha y mantiene mejor las áreas verdes, instala modernos equipos de riego y ahorra costos ¿no resulta arbitrario mantener una plantilla – con todo y prestaciones sindicales – cuyo trabajo es de menor calidad?

Si un software reduce los tiempos de respuesta y elimina el papel, los actos de corrupción y los costos inherentes a la estructura organizacional ¿no resulta lógica la instalación y puesta en marcha del mismo en oficinas donde existen ventanillas?

La competencia entre organizaciones, individuos y productos es la chispa del desarrollo y de la búsqueda continua de la satisfacción del usuario, por lo que resulta irracional no fomentarla aún entre los servicios que usualmente los gobiernos municipales realizan y los que ofrecen los entes de la iniciativa privada.

El fracaso del modelo de gobierno municipal de nuestro país, se debe precisamente a la ausencia de cuestionamientos sobre lo que se realiza cotidianamente, al temor de las decisiones complejas que generar inestabilidad política y malestar entre el personal, a la ausencia total de deseos de agilizar una estructura anquilosada y modernizar una organización que se quedó atrapada en la década de los noventa.

Solo haciendo las preguntas incómodas, planteando soluciones fuera de la lógica política, haciendo caso a las tendencias tecnológicas del mundo empresarial y siendo completamente irreverentes ante la herencia administrativa y la tradición organizacional, podremos contar con gobiernos municipales modernos que tomen la eficiencia y sobre todo la confianza como parámetros de operación cotidiana.

Ser renegado, cuestionar absolutamente todo y proponer lo que a los políticos tradicionales les parece ilógico, es lógicamente un gran principio.

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Por: María García Colu...

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Por: Andrés Navarro
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Con las elecciones prácticamente a la vuelta de la esquina, resulta casi imposible no hablar del tema con los que nos rodean. Los argumentos de todos son similares pero las preguntas, siempre se repiten: ¿por qué partido vas a votar? y ¿cuál crees que es la mejor opción? Si bien las preguntas son las mismas, es tiempo de que las respuestas comiencen a ser diferentes.

En los últimos años y por la debilidad de nuestra democracia e instituciones, hemos caído en la cuenta de que los partidos políticos y sus líderes son los verdaderos propietarios del país y que son solo ellos quienes tienen la capacidad para influir en la vida nacional, sin embargo; los líderes y cúpulas de todos los partidos nos han demostrado una y otra vez que no es el progreso nacional lo que les importa, sino la formación de “cárteles multicolor de la política” con el único fin de perpetrarse en el poder y aprovechar los beneficios de ser parte de la maquinaria política mexicana.

Por lo anterior y tal vez, de una manera más marcada, nos hemos percatado que para los partidos políticos, la ciudadanía no importa y que solo la recuerdan en tiempos electorales y en uno que otro discurso. O en verdad, ¿cuándo hemos sido tomados en cuenta? ¿cuándo no nos han traicionado? ¿cuándo un partido no nos ha defraudado? y ¿cuándo, un “cártel político” ha defendido íntegramente nuestros intereses? Siguiendo esta lógica y tratando de contestar las preguntas del primer párrafo, creo necesario no votar más por los partidos, sino por los candidatos, sabiendo siempre, que la mejor opción, dejando fuera ideologías políticas, será aquella que sea una mejor persona.

Y es que en política, importa igual el candidato que quien está detrás; su equipo, los empresarios que los financian y sus amistades. Así, los candidatos deben ser como vasos transparentes a través de quienes se ven los intereses que representan y sus verdaderas intenciones, por ello una mejor persona, nos garantiza ser una mejor opción, así sea rojo, azul, amarillo, verde o incoloro.

México no está para generalizar perfiles, sino para revisarlos, para conocer el actuar personal y privado de los candidatos y elegir al más capaz y al más decente. México está para que emitamos un voto inteligente, donde tal vez la mejor opción no venga de un partido político, sino de un candidato ajeno a ellos, un independiente.

Juan Pardinas, Director del IMCO, atinadamente escribió “Ser político es una profesión demasiado delicada como para ser ocupada por gente sin preparación que además solo entiende de votos… El éxito como individuos y como nación sólo puede venir del trabajo y del esfuerzo. Y las sociedades, para funcionar deben estar basadas en la meritocracia intelectual y de actitudes, provenientes de activos de fondo, sólidos y serios”. ¡No podríamos estar más de acuerdo!

En otras palabras, lo que va a cambiar a México – además de la educación y el estado de derecho – es la formación profesional y la fortaleza moral de sus líderes y dirigentes. Cuando aspiremos a ser y elijamos mexicanos de primera, valientes, honorables y que vengan de la cultura del esfuerzo y del mérito, no del influyentismo y la corruptela. Lamentablemente, esto no pasará si para votar nos dejamos llevar por los nombres de los partidos políticos, ellos siempre nos han fallado, por eso estoy convencido de que es tiempo de creer en las personas, analizarlas, conocerlas y votar por ellas.

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Por: LOURDES VILLANUEVA ...

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Por: Andrés Navarro
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Después de meses de sospecharlo, finalmente a Don Juan le fueron confirmados sus peores temores. Tenía cáncer, uno muy agresivo pero  con probabilidades de sobrevivir. Sus familiares debatían consternados sobre las diferentes opciones que tenían. Algunos opinaban que se tratara con el médico de la colonia porque era económico. Otro decía que siguieran los remedios caseros que un “brujo” anunciaba en el periódico. Sus hijas menores opinaban que fuera con el Doctor guapo de la clínica nueva que se anunciaba en espectaculares, radio e internet… La madre, en medio de la discusión, pidió la palabra y dijo: Aunque no tenemos dinero, su Padre se va a tratar con el mejor de todos, cueste lo que cueste para que mejore pronto, se cure y viva por muchos años más.

La lógica dicta que lo decidido por la esposa es lo correcto y estoy seguro que todos haríamos lo mismo si un familiar cercano estuviera pasando por la misma situación, ¿o no?.

Aplicando el mismo diagnóstico a las ciudades donde vivimos y conociendo de manera generalizada los síntomas, podemos asegurar que nuestras localidades sufren de cáncer urbano y que poco o nada se está haciendo para tratarlo. La pobreza, la falta de oportunidades y la inseguridad, las malas condiciones de la infraestructura educativa y las pocas becas, la eterna presencia de baches y suciedad en la vía pública, la baja calidad de los servicios y la sobrepoblación de la burocracia, la corrupción y la falta de transparencia son elementos indiscutibles del cáncer presente en nuestras ciudades. La metástasis parece inevitable y las acciones de los Doctores a cargo de cada paciente, se limitan a poner hielo y dar un Desenfriolito con la esperanza de evitar molestias, dejando en el olvido los análisis, la dolorosa quimioterapia y cada uno de los pasos cortos pero constantes que un tratamiento   serio y profesional conlleva.

Los médicos urbanos en México saben que el paciente solamente será una responsabilidad temporal y apuestan – en la mayoría de los casos – a que ocurra un milagro mientras hacen como que lo atienden convirtiéndose así en los reyes de la simulación.

La culpa claro está, no es solo del Médico sino de quien lo elige casi sin investigarlo y conocerlo y además, no le exige seriedad y resultados. Si continuamos prefiriendo médicos guapos que preparados, creaciones de la mercadotecnia que genuinos y con vocación, chamanes y charlatanes que expertos, con urgencia por operar para cobrar los honorarios que honestos, y en algunos casos hasta pasantes de enfermero para curar lo que parece un cáncer terminal, no lloremos cuando el paciente fallezca, porque fuimos nosotros mismos quienes elegimos al verdugo.

Por: Andrés Navarro
TW. @andresnavarromx

El mundo vive una era más que interesante para el desarrollo económico y emprendedor.  Antes hubiera sido inimaginable que una empresa como Uber, con menos de 5 años de formación y pocos activos valiera alrededor de 40 mil millones de dólares; que una empresa operadora de una página de Internet como lo es Facebook, llegara a valer casi 34 mil millones de dólares e impulsara a su fundador al lugar 16 de la lista de personas más ricas del mundo.

Historias de éxito como las anteriores son pocas pero pareciera que se están volviendo comunes. Palmer Luckey, con tan solo 21 años vendió a principios del 2014 su empresa de realidad virtual llamada Oculus en 2,000 millones de dólares; y  solo para comparar, de acuerdo con Forbes, la fortuna personal de Emilio Azcárraga Jean, es igual a la de este joven norteamericano; la gran diferencia es que Luckey la amasó en menos de 4 años y el propietario de Televisa la tiene después de tres generaciones de negocio, más de 25 mil empleados y más de 15 mil millones de dólares en activos.

Casos de creación de riqueza como los de Kalanick, Zuckerberg y Luckey son posibles y la razón no es su capacidad y visión personal, sino el ecosistema empresarial estadounidense en el que sus ideas han sido concebidas, desarrolladas y ejecutadas, caso muy distinto al sistema mexicano, donde la riqueza – la mayoría de los casos – se alcanza solamente por herencia o por complicidad en casos de corrupción y colusión con funcionarios públicos.

Steve Kelman, catedrático de la Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard afirma que “si creces en una sociedad en la que si quieres hacerte rico y la forma más simple no es producir o desarrollar algo, sino tener amigos en el Gobierno, la gente elegirá esta segunda opción y cuando en una sociedad, el ascenso social depende de tus conexiones más que de tu talento, esa sociedad peligra”… y la nuestra peligra un poco más debido a que el índice de movilidad social ascendente, es prácticamente nulo, es decir; el que nace pobre muere pobre,  ya que la posibilidad de cambiar de una clase socioeconómica a una superior en el país, es una falacia.

El modelo de desarrollo en economías impulsoras de innovación y valor, donde resultan factibles historias como las ya mencionadas, está enfocado en la generación de ideas, su financiamiento – por particulares o fondos especializados – y su puesta en marcha, con especial atención a procesos de mentoría, capacitación de los entrepreneurs y reconocimiento social y moral para aquellos que se atreven a perseguir un sueño.

Mientras las riquezas en México continúen floreciendo únicamente a la sombra de personajes públicos, generándose por la administración deshonesta del poder, la delincuencia o solamente sean propiedad de personas afortunadas que heredan para solo administrar lo sembrado y cosechado por sus antepasados, se puede asegurar que la economía y el desarrollo empresarial del país van por el camino incorrecto y para perjuicio de todos, no son sostenibles ni el mediano, ni en el largo plazo.

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Por: Andrés Navarro TW. ...

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Por: Andrés Navarro
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Por increíble que parezca, escándalos tan oprobiosos como los de las últimas fechas (Casa Blanca, red de prostitución del líder priista del DF, moches presupuestales, línea 12 del Metro, Ayotzinapa, etc.) llegan a parecer tan ajenos que los vemos casi con telescopio. Se dice que son cosas del poder y del dinero, sin embargo; estos casos son tan nuestros como los problemas que sufrimos a consecuencia y – nos guste o no – tenemos un grado de responsabilidad y de acción en ellos.

No es que nosotros hayamos aprobado los excesos en los viajes y viáticos del Senado, donde han gastado más de 32 millones de pesos (en 18 meses) por concepto de viajes al extranjero, ni que nos hayamos beneficiado del cobro ilegal de comisiones por gestiones presupuestales, ni que hayamos diseñado parte de la Casa de la Primera Dama, pero ¿qué hemos hecho para cambiarlo?

La respuesta automática suele ser que no estamos en condiciones de influir y que no nos interesa incursionar en el mundo político, pero existe una opción natural y al parecer olvidada, que es la de la vergüenza.

Por cuestiones históricas ligadas con la idiosincrasia mexicana, estamos acostumbrados a utilizar y abusar, ya sea de los diminutivos o de las disculpas, como herramientas para matizar nuestras expresiones, sin embargo; tanto matiz termina por cambiar el valor de las palabras y su significado. Así, el diminutivo de rato, permite estacionarnos en lugar prohibido, porque solo es un “ratito” y el diminutivo de lana, le permite a los líderes sindicales llevarse una “lanita” al desviar un porcentaje del monto de sus presupuestos… el lenguaje determina la forma en que pensamos y actuamos; y consecuentemente la forma en que vivimos.

Si al representante que cobra diezmos o moches no le llamamos “ratero o ladrón” no hacemos más que fomentar su práctica. Si al político que solo sabe de grilla y no da resultados en la función pública, no le llamamos “incompetente o negligente” nos arriesgamos a que este tipo de personas continúen en el poder. Si al dueño de una empresa que consigue contratos con el gobierno por la sencilla razón de ofrecer comisiones a los gobernantes en turno, no le llamamos “corrupto o deshonesto”, solo estamos colaborando para que estas prácticas se perpetúen.

El escritor Octavio Paz, aseguró que “la palabra es nuestra morada: en ella nacimos y en ella moriremos” así que retomando su concepto, resulta necesario dotar como nunca de significado real a cada uno de nuestros calificativos, usarlos cuando sea necesario y tal cual, decir a los cuatro vientos, las cosas como son.

Tal vez no podamos actuar, pero si hablar y señalar. Y si podemos que el señalamiento sea general y que llamemos las cosas por su nombre, estaremos a un paso más cerca de recuperar la vergüenza perdida y eso – aunque parezca poco – tiene “muchito” de ganancia.

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Por: Jaime Jaramillo Pane...

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Por: Andrés Navarro
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Estoy cansado, exhausto.

No puedo más.

Estoy harto… harto de ti.

De ti mexicano que solo criticas y no te volteas a ver.

De ti compatriota que estiras la mano para pedir, pero no mueves un dedo para dar. De ti vecino, que culpas al gobierno de lo sucia y fea que está la ciudad pero tiras la bolsa de papitas a la calle y no respetas ni las bancas, ni los baños de cualquier lugar.

Harto de ti “empresario” que no emprendes y solo quieres hacer negocios con el gobierno que se te pone a modo. De ti gobernante, que prometiste todo en campaña y no has cumplido en nada y de tu familia que se siente la dueña del lugar que supuestamente gobiernas.

Estoy cansado de escuchar que la culpa de todo la tienen las televisoras pero no apagas la tele. Estoy, hasta la madre de ti mexicano que no soportas el triunfo de los demás; de que exiges políticos honestos pero esperas que llegue tu cuate a un puesto para plantearle una corruptela, un moche. No puedo más con que quieres un policía que ponga orden y otro que te eche la mano cuando no pasas la prueba del alcoholímetro.

Estoy cansado de tu doble moral, esa que te lleva a exigirle a tu hija que se vista decorosamente pero que te permite “sabrosearte” a la hija de alguien más cuando pasa junto a ti en la banqueta o en la oficina. Estoy harto de tu falta de nacionalismo que disfrazas solamente en septiembre o cuando te vistes de verde porque juega la Selección.

No soporto que critiques al Teletón, cuando nunca has visitado un Centro de Rehabilitación, ni has sido testigo de los historias maravillosas que ahí se gestan. Me enferma que te quejes de los taxistas y microbuseros por su forma de manejar y tu no respetas ni las reglas básicas de tránsito.

No comprendo porque te quejas de la falta de oportunidades económicas mientras continúas comprando en la informalidad, mientras continúas viendo películas pirata.

Es molesta tu falta de congruencia al casi odiar a tu patrón cuando por él, sus recursos y su empresa, tienes un empleo, un ingreso y beneficios. Quieres que tu salario sea mucho mayor pero le robas las plumas y los tornillos a la empresa donde trabajas. Hablas de empresarios honestos, pero tu no le pagas ni a tus proveedores.

Me hierve la sangre cuando lamentas la educación que le imparten a tus hijos y además de no involucrarte en ella, haces todo lo posible por comprar una plaza de maestro, para por fin poder “llevártela tranquila”.

Estoy muy cansado de tus protestas sobre las autoridades, cuando solamente votaste por ellas no porque fueran capaces sino porque fueron los que te ofrecieron algo para después o porque te dieron 500 pesos el día de la elección.

Estoy exhausto de que hables de la descomposición social y el clima de violencia, pero tu familia no se pierde “Laura en América” y solo escucha narco corridos.

Estoy cansado de que pienses que los productos milagro te harán adelgazar sin esfuerzo y de que digas “de algo me he de morir” cuando te dicen que fumar, el exceso de grasa o de azúcar son malos… para todo tienes excusas, para todo tienes respuestas que te justifican, en todo tienes la razón.

Odias a los españoles ya que dices que “estamos jodidos porque nos saquearon hace 500 años”… pretextos, palabras huecas sin fundamento. Odias a los americanos porque según tu, “no quieren que progresemos” pero los imitas en su forma de vestir y nombras a tus hijos Brian, Brandon y Jennifer.

Me tienen hasta la madre tus protestas sobre el supuesto despojo al patrimonio nacional que es la Reforma Energética, mientras no estás dispuesto a dejar de comprar gasolina robada o a quitar el diablito de tu medidor.

Estoy fastidiado con tu exigencia de respeto a los animales de los circos pero mantienes un par de perros flacos, sucios y asoleados en la azotea de tu casa.

Así es, así eres… doble, falso, incongruente.

Le exiges al Gobierno, servicios a la par de Escandinavia y no quieres pagar un simple peso en impuestos. Exiges pero no cumples.

Quieres calles y parques limpios pero no pones la basura en su lugar. Sueñas pero no despiertas.

Te interesan colonias seguras pero permites que tu hijo forme una pandilla en la esquina de la cuadra. Anhelas pero no actúas.

Buscas que tus hijos lean, pero solo compras el TV notas y el Alarma. Pides pero no pones el ejemplo.

Así es… así eres y no te das cuenta.

¿Por qué no empiezas por verte a ti mismo en el espejo? ¿Por qué no respiras y tratas de entenderte para aceptar tus errores y te propones a cambiarlos?
¿Por qué no renunciar cada día un poco a esa parte del ADN nacional que tanto daño nos ha hecho? ¿Por qué no evolucionar en los mismos, pero mejores?

¿Por qué no tomar lo mejor que somos, cambiar lo que nos resta y adaptarnos a la nueva realidad del mundo? ¿Por qué si quieres que todo cambie, no empiezas por ti mismo y tu familia? ¿Por qué empezar hasta el lunes, si hoy es un buen día?

¿Por qué no cambiar, si se bien que tu también estás cansado y hasta la madre de vivir como vivimos?

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Por: Andrés Navarro
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Hace algunos años, en una conversación grupal con Michael Porter – profesor de la Harvard Business School y autoridad en temas como competitividad y el desarrollo de las naciones, estados y regiones – llegamos a la conclusión que el Producto Interno Bruto (PIB) no era la mejor manera para medir el progreso y bienestar de las naciones.

El PIB, únicamente representa el valor monetario de mercado de la producción de bienes y servicios de una región durante un tiempo determinado y no considera factores que incorporan valor real a la calidad de vida tales como: Nutrición, calidad del aire,  suministro de agua potable, servicios de salud, seguridad personal, acceso a educación de calidad, medio ambiente sustentable, equidad, inclusión, derechos personales, integridad social, niveles de honestidad, etc.

México se encuentra en la posición número 15 en la lista de países del Banco Mundial, con mayor PIB, sin embargo; la fortuna de Carlos Slim, el hombre más rico del planeta, equivale al 7% de nuestro PIB y desequilibra la medición, ya que sin su presencia, el PIB per cápita disminuiría de 10,307 a 9,840 USD anuales, en otras palabras; el propietario de Carso, nos hace aritméticamente a todos 630 USD más ricos, sin que esto signifique que vivamos mejor.PobrezaMexico-Marduk

Los factores anteriormente mencionados forman parte de la propuesta lanzada por Porter en 2013, donde a partir de 52 indicadores se construye una balanza más precisa denominada Índice de Progreso Social (IPS). Los primeros resultados clasificaron a Suecia en primer lugar, seguido por Reino Unido, Suiza, Canadá, Alemania, Estados Unidos, Australia, Japón, Francia y España. México aparece en el lugar 54, superado en América Latina por Costa Rica, Uruguay, Chile, Argentina, Brasil y Colombia… cabe mencionar que nuestro PIB es dos veces mayor que el de Argentina y tres que el de Colombia… con esto, pareciera quedar comprobado que también para los países, el dinero no lo es todo.

Las implicaciones del IPS son enormes ya que ponen en su justa dimensión variables que son totalmente independientes de la economía. No existe correlación alguna entre la integridad social y lo que producimos, ni entre el respeto a los derechos personales, el acceso al agua potable y los dólares que nos correspo
nden matemáticamente.

Vivir en México y pertenecer a los niveles socioeconómicos altos, solamente significa estar en el estrato de ingreso superior y no un mejor nivel de vida, ya que si bajamos los índices a los estados que habitamos, la clasificación baja aún más, poniendo al DF a la par de Hungría, a Jalisco al nivel de Perú, a Nuevo León igual que Uruguay, a Guanajuato al nivel de Belice y a Chiapas a la par de Siria.

El nuevo índice viene a demostrar porque aunque los números macroeconómicos pueden parecer correctos; la calidad de vida, el progreso y el desarrollo humano en México continúan bajando alarmantemente.

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