Domingo, abril 30, 2017
Sobre Japón

“Japonóloga”. Máster en Asia Oriental. Traductora con inglés y japonés, escritora y fotógrafa aficionada.Laura Chan

 

La-estetica-japonesa-JapanRealmLa estética japonesa, que es casi como una filosofía de vida por los conceptos que tiene en cuenta, no sólo ha dado forma a las artes tradicionales sino también a los códigos sociales y manera de ser de los japoneses, es decir, ha influido y mucho en el día a día de la vida japonesa y aún hoy se deja notar.

Esta estética nipona se basa en una serie de ideales de belleza y valores estéticos (como miyabi, wabi sabi, iki, mono no aware, shibui, mujōkan, yūgen, johakyū, geidō…), pero, ¿qué hace que algo sea bello para los japoneses? La estética japonesa surge de la combinación de las dos religiones mayoritarias y más influyentes del país: el sintoísmo y el budismo.

Mientras que el sintoísmo deja notar su influencia a través de la importancia de la naturaleza, el budismo zen lo hace en la caducidad e imperfección de las cosas. De ahí que surjan cuatro de los valores generales claves de la estética japonesa, que se oponen en cierta medida a la visión occidental del concepto de belleza y arte; son la asimetría o irregularidad, la insinuación o capacidad de sugerir, la caducidad y la sencillez o naturalidad.

Asimetría o irregularidad: Si en Occidente buscamos la simetría y el equilibrio, entendiendo que si algo no es simétrico no es bello, porque está “descompensado”, en Japón el desequilibrio visual es bello. Y lo es justamente porque “imita a la naturaleza”, ya que la naturaleza es irregular, no simétrica.

En la vida actual, podemos encontrar la importancia que tiene este valor estético por ejemplo en la celebración del mes de noviembre shichi-go-san, que celebra la irregularidad (de los años de niños y niñas). Los jardines tradicionales japoneses son un ejemplo perfecto de la belleza de la asimetría y la irregularidad; son jardines que imitan el paisaje de la naturaleza y por lo tanto son asimétricos e irregulares y justamente eso los hace bellos.

Capacidad de sugerir o de insinuación: Lo bello es lo que se insinúa, no lo que se muestra. Lo directo, franco, claro y sin ambigüedades es rudo y maleducado. Las cosas hay que darlas a entender, hay que sugerirlas, hay que mostrarlas de forma indirecta. Es la idea de “dar a entender sin decir”.

Las geishas son un claro ejemplo del poder de la insinuación, cubriendo su rostro de maquillaje blanco o vistiendo sobrios kimonos estampados pero dejando entrever el rojo del kimono interior. Es el iki, o la elegancia sensual, de la que ya hablamos.

Caducidad: En Japón no existe el deseo de perdurar para toda la eternidad, porque no existe el concepto filosófico de la inmortalidad del alma. Mientras en Grecia, por ejemplo, se construía en piedra (material resistente que sobrevivía al artista), en Japón se utiliza la madera, más caduca y además más ligada a la naturaleza.

De ahí la afición de los japoneses por la efímera belleza de los sakura o cerezos en flor, o también por el arte ikebana o arreglo floral, que es un arte efímero, caduco.

Sencillez o la naturalidad: En Japón las formas bellas son las formas no rebuscadas o elaboradas, son las cosas pequeñas por encima de las grandes construcciones. Por ejemplo, las cerámicas raku o zen destacan por su imperfección aparente, por su tosquedad. No son refinadas, no parecen bien terminadas, parece que tengan defectos (que normalmente han sido deliberadamente añadidos). En este caso es una ‘naturalidad’ aparente. Mucho se podría decir, de todas formas, sobre si es realmente natural y sencillo algo a lo que se le han añadido estos defectos a propósito.

El refinamiento sutil, que no se ostenta, ni se dice ni se muestra, sino que se insinúa (miyabi), la capacidad de sentir y de conmoverse (mono no aware), la importancia de la fugacidad, de lo efímero y lo caduco (mujōkan), la oscuridad de la belleza, el misterio de una belleza que no se puede descubrir (yūgen), la belleza de las cosas mundanas (wabi sabi), la sensualidad elegante y sobria (iki), la sencillez refinada (shibui), la apreciación por la creación y la formación (geidō), la belleza del movimiento y del tempo (johakyū)… son ideas que han influido a lo largo de los siglos el concepto de estética del país del sol naciente.

“Japonóloga”. Máster en Asia Oriental. Traductora con inglés y japonés, escritora y fotógrafa aficionada.Laura Chan

 

Normas basicas de etiqueta japonesaPodría escribir muchas entradas de etiqueta japonesa: en la mesa, en los baños termales, en el transporte público, a la hora de comer sushi… pero hoy voy a centrarme en algunas normas básicas que no podemos olvidar.

Japón es un país de grandes formalidades, así que es importante conocer ciertas costumbres para no meter demasiado la pata en ciertas ocasiones.

Calcetines sin agujeros y pies limpios.

Es costumbre quitarse los zapatos al entrar en casas, escuelas e institutos, algunos templos y restaurantes, etc. Recuerda también que las zapatillas para entrar al lavabo son diferentes, así que tendremos que cambiar de unas a otras según el caso.

Ejercita tu cuello y tu espalda.

La reverencia (ojigi) es otra de las bases de la conducta social, no es una humillación o un sometimiento, sino una muestra de confianza (piensa en una época en la que los samuráis llevaban afiladas katana, ofrecer el cuello en señal de saludo era una gran muestra de confianza y entrega) y es un gesto básico en Japón que sirve para saludar, pedir perdón, dar las gracias, despedirse. La reverencia permite respetar el espacio personal en una cultura poco abierta al contacto físico en público.

Guárdate los mocos.

En Japón es de mala educación sonarse la nariz en público, especialmente si hacemos ruido o grandes movimientos. En caso de necesidad, se permite que uno se seque suavemente la nariz con un pañuelo dando pequeños toquecitos, pero nada más. También, es costumbre y muestra de respeto ponerse una mascarilla de estilo quirúrgico cuando uno está resfriado, con el fin de minimizar el contagio de los demás.

¡Que no se te olvide el regalito…!

Si vivimos en Japón o interactuaremos con japoneses, siempre tendremos que tener presente el asunto del regalo. Si nos vamos de vacaciones, tendremos que volver con un pequeño omiyage, pero si vamos de visita y nos reunimos con amigos japoneses allí, tendremos que ir con un pequeño regalito, porque ellos también nos darán algo, un tsumaranai mono, como suelen decir, algo sin importancia, pero que tiene mucha importancia en las normas sociales establecidas.

A dos manos, siempre

A la hora de recibir un regalo lo haremos siempre con las dos manos y añadiremos una ligera reverencia, según la formalidad del evento. En el pasado era costumbre no abrir el regalo delante de la persona, pero en la actualidad es común preguntar, casi retóricamente, si podemos abrirlo. Este gesto de recibir las cosas con las dos manos se aplica también a las tarjetas de presentación.

No te emborrachas, ¡te emborrachan!

El alcohol es una parte importante de la comunicación en una sociedad tan jerarquizada y con tantos formalismos. Es costumbre siempre servir al resto y nunca servirse a uno mismo. En cuanto hayamos acabado de servir al resto, dejaremos la botella encima de la mesa y esperaremos a que otra persona nos sirva a nosotros.

Los palillos no son para tocar el tambor

Nunca debemos clavar los palillos en el bol de arroz y pasar la comida directamente entre palillos. En caso de no disponer de palillos o cucharas para servirnos si estamos compartiendo comida con otros comensales, es de buena educación utilizar el extremo superior de nuestros palillos (el que no nos introducimos en la boca) para servirnos y así mantener ‘limpia’ la comida.

No te líes entre el dedo índice y la mano

Si queremos señalar a alguien, es de mal gusto hacerlo con el dedo índice; se hace con las palmas de las manos hacia arriba. Pero en cambio, cuando queremos hablar de nosotros mismos, no nos llevamos la mano al pecho, sino que nos llevamos el dedo índice a la nariz.

Más datos y menos voz

Poca gente habla por el móvil en público en Japón, especialmente en el tren o en sitios cerrados. Si es urgente y deben hacerlo, se tapan la boca, hablan en voz baja e intentan acabar la conversación cuanto antes, pero no suele ser habitual, y el móvil suele estar en silencio. Usar el móvil no está mal visto, pero sí hablar por largo tiempo a través de este en espacios públicos.

“Japonóloga”. Máster en Asia Oriental. Traductora con inglés y japonés, escritora y fotógrafa aficionada.Laura Chan

 

Japón es un país obsesionado por la educación, como demuestra la existencia a las academias juku () y las academias yobiko (予備校).

Las-JukuHoy hablaremos de las primeras,  Juku son las academias privadas cuyas clases se realizan después del horario escolar normal y en los fines de semana. Si te gusta el manga y el anime o ves frecuentemente doramas de estudiantes, probablemente sepáis perfectamente qué es una juku y el papel que juega en la sociedad japonesa, puesto que está presente en multitud de tramas: estudiantes agobiados por pruebas de acceso complicadísimas, estudiantes desastrosos que no logran seguir el ritmo de sus clases normales, estudiantes que van a las juku casi a pasar el rato… Y es que existen tres razones por las que un estudiante acaba yendo a una juku.

Veámoslas.

Por un lado son perfectas para prepararse para las distintas pruebas de acceso del sistema educativo japonés. Especialmente con las últimas reformas educativas, que según muchos padres y educadores han rebajado considerablemente el nivel de la educación nipona, el negocio de las juku está en aumento, a pesar de las bajas tasas de natalidad.

Los recientes cambios sociales también llevan a más padres a dedicar todos sus esfuerzos para conseguir cierta ‘seguridad’ en el futuro de sus hijos, preparándoles para que puedan entrar en una buena escuela de primer ciclo de educación secundaria (junior high) privada que les abrirá el camino a un buen instituto de secundaria y de ahí a una buena universidad.

La razón es clara: el Japón que ofrecía trabajos de por vida está desapareciendo muy rápidamente, por lo que cuanto mejor es la universidad a la que uno acude, mejores son las posibilidades laborales

La segunda razón por la que muchos estudiantes van a las juku es para para poder seguir el ritmo de las clases de su escuela. Para ello, los estudiantes están divididos según sus competencias y de esta manera las juku compensan la poca habilidad de la enseñanza estándar japonesa a la hora de tener en cuenta los problemas y necesidades individuales de cada estudiante.

Finalmente, la tercera razón es para hacer nuevos amigos o pasar más tiempo con amigos que comienzan a ir a la juku. Es decir, en este caso las juku juegan un papel social fundamental, puesto que muchos estudiantes no van a las juku porque realmente lo necesiten, sino porque encuentran en la academia una posibilidad de pasar más tiempo con sus amigos.

Antes, de pequeños, jugaban en el parque todos juntos y ahora estudian todos juntos en las juku. En general, tanto padres como hijos suelen estar satisfechos con las juku puesto que las notas suelen subir, gracias a que las clases de las juku son más individualizadas y la relación con los profesores más estrecha, creando un ambiente más dinámico y entusiasta que en la escuela tradicional.

Sin embargo, estas academias están ahora en el punto de mira, especialmente del gobierno. Dada su naturaleza comercial (no deja de ser un negocio, no lo olvidemos) hay quien cree que tienen más en cuentan  las ganancias que la educación en sí. Además, hay familias que no pueden permitirse el lujo de mandar a sus hijos a las juku, lo que añade cierta desigualdad a un sistema educativo relativamente igualitario, al menos en lo que se refiere a la educación pública primaria, que no tanto en la educación secundaria privada (que es el público objetivo más típico de las juku, no lo olvidemos).

Un par de datos para finalizar.

En el área metropolitana de Tokio, más del 40% de estudiantes de primaria y un 77,2% de estudiantes de primer ciclo de secundaria van a la juku. Los padres pagan unos 260.000 yenes al año para este tipo de educación (*), que sería equivalente a unos 2.000 euros con el cambio en el momento de escribir esta entrada. ¿Qué les parece este sistema? ¿Creen que es bueno que chicos tan jóvenes pasen tantas horas estudiando después de las clases normales?

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