Domingo, abril 30, 2017
Historia

Por: Isabel Padilla Camarena

Columnista invitada

 

El Nazismo es considerado como uno de los máximos males que ha vivido la humanidad. Al mencionarlo, nos vienen a la mente los horrores de la Segunda Guerra Mundial y nos preguntamos ¿cómo es posible que un pueblo civilizado y moderno haya puesto toda su confianza en un solo hombre y su fanatismo? Hasta la fecha, la pregunta no tiene una respuesta clara pero la historia y algunas teorías sociales proporcionan ideas y perspectivas de lo que el pueblo alemán sufrió para llegar a apoyar un régimen fascista.

Sabemos que la República de Weimar fue un fracaso total y que la gran mayoría concluyó  que la democracia no los sacaría de la crisis económica. Alemania continuaba sin capital ni capacidad productiva; y con la Gran Depresión, su pueblo comenzó a sufrir de hambruna.

Apenas podían mantenerse a ellos mismos y eran forzados a continuar pagando la deuda de la Primera Guerra Mundial.

Pero en medio de la oscuridad de la crisis, surgió un rayo de esperanza que dio al pueblo alemán la fuerza para mantenerse en pie: Adolf Hitler. El Führer, un artista frustrado que vagaba por las calles de Viena esperando que sus pinturas le dieran el sustento diario, ingresó en la política y le dio fuerza a un partido en decadencia. Hitler ganó fuerza y seguidores, mientras que sus deseos y frustraciones pasadas destruyeron por completo su pasión artística para dar paso a la estratégica política y militar.

La crisis económica desacreditó a las democracias liberales, los regímenes absolutistas que surgieron en Italia y la URSS demostraron ser capaces de controlar y resolver los problemas de mejor manera, por ello depositar la confianza en un solo hombre con poder absoluto, parecía la respuesta para salir de la miseria.

Hitler era un excelente orador y con su oscuro carisma atrajo a las masas. El pueblo desesperado escuchaba a ciegas las promesas de una vida mejor y el resurgimiento de una nueva y gloriosa nación. La pobreza de las calles impregnaba las ciudades con aires de terror -hambre, desempleo y violencia- y así las fantasías de un personaje solitario y las ideas de un partido, fueron suficiente para levantar a una nación que parecía derrotada.

Si bien su poder y credibilidad crecía, Hitler no pudo ganar la Presidencia en 1933, sin embargo; el Canciller Von Papen, representante de la derecha, le concedió al futuro dictador, la disolución del Parlamento y autorizó la creación de las SS, las famosas tropas de asalto del ejército nazi.

La inconformidad de Hitler por ser el segundo al mando se desbocó y aprovechó el misterioso incendio en el Reichstag – el parlamento alemán -, para acusar a los comunistas de ocasionarlo, declarando un estado de emergencia y solicitando al Reichstag que le otorgara poderes plenos para pasar leyes o decretos sin su intervención.

Con la Cancillería bajo su mando se dedicó a reorganizar y fortalecer a Alemania, mientras asesinaba a la democracia. Sus ideales racistas y autoritarios fueron desvaneciendo las pocas libertades que el país conservaba, los partidos de oposición desaparecieron y todas las instituciones, la cultura, la economía y la educación cayeron bajo dominio Nazi.

A pesar de lo anterior, el nazismo generó trabajo e ingreso para los miles de desempleados alemanes. Se desarrolló el país a través de la construcción de infraestructura, utilizando un sector de la mano de obra que estaba en paro y el resto destinándolo al campo y la agricultura. La economía de las familias se recuperaba y en clara oposición al Tratado de Versalles, Hitler ordenó la suspensión del pago de las indemnizaciones por la derrota de la Primera Guerra Mundial para que el capital producido en su país, fuera de beneficio para ellos mismos.

Hitler tenía el poder absoluto en Alemania, el Partido Nazi se ganó al pueblo y cuando sus raíces se encontraron firmes en la sociedad, los ideales políticos del partido fueron introducidos con el libro Mein Kampf – la biblia del régimen – y adoptados por la población debido ha que habían demostrado que eran generadores de orden y progreso, y ¿cómo no confiar en el líder y los ideales que en la peor de tus crisis, te dieron ingreso y alimento?

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El inicio de la Segunda Guerra Mundial no fue simplemente por intereses expansionistas de Alemania o el deseo de un solo hombre. Un pasado tormentoso cubre el contexto por el cual se orilló a Alemania a verse en la necesidad de iniciar una segunda guerra 20 años después de haber terminado uno de los peores conflictos bélicos que el mundo había sufrido.

Alemania había sido una nación fuerte, de grandes cambios y con ambición, siempre con una visión hacía el futuro, sin embargo; el haber sido derrotada fue una cortada en el orgullo germano, creando una humillación que despertaría años después un gran nacionalismo y el resurgimiento del phönix alemán. Así, y para comprender las razones por las cuales Alemania comenzaría su expansión territorial ocasionando el inicio de la Segunda Guerra Mundial, se debe conocer un poco más el contexto y los detalles.

El Tratado de Versalles, documento que puso fin oficialmente a la Primera Guerra, fue presentado a Alemania en mayo de 1919 como única alternativa para la paz, ya que el rechazarlo implicaba la reanudación de las hostilidades. Un mes después de su presentación, fue firmado en junio de 1919 por las potencias europeas y como era lógico por la tierra del Führer.

Uno de los puntos principales en dicho documento, determinaba que Alemania debía aceptar todas las responsabilidades por haber causado la Gran Guerra y se fijaba una indemnización para las potencias vencedoras, de un total de 140,000 millones de marcos alemanes – a Francia le correspondía el 50% de la indemnización, a Gran Bretaña el 22%, a Italia el 10% y a Bélgica el 8%. Apenas el 3 de Octubre de 2010 ¡hace cuatro años! Alemania por fin liquidó la deuda.

Además de lo anterior, se estipulaba la pérdida de territorio y de todas las colonias que tenía en África. Debía devolver los territorios de Alsacia y Lorena a Francia – ganados por Alemania en 1871 – Prusia Oriental fue desintegrada para dar territorio a la recién formada Polonia. La cuenca carbonífera del Sarre pasaría a ser administrada por la Sociedad de Naciones y explotada económicamente por Francia durante 15 años, perdiendo con esto parte considerable de su producción agrícola y mineral.

Alemania perdió en total el 13% de su territorio – donde vivía el 10% de su población total. Fue ocupada por las tropas aliadas, dejada sin artillería pesada, submarinos y aeronaves y además su armada fue limitada a 100,000 hombres y 4,000 oficiales, muy pocos hombres para mantener el control interno considerando los disturbios de la postguerra.

Los alemanes siempre consideraron el tratado como un dictamen -diktat- impuesto a la fuerza, sin la posibilidad de un mecanismo de negociación. Los aliados se reunieron anteriormente para plantear los puntos del Tratado, sin embargo; los alemanes no fueron admitidos en la Conferencia de Versalles y el documento final no tenía posibilidad de negociación alguna. Alemania no podía soportar el precepto de que se aceptara toda la culpa y la responsabilidad en la iniciación de la guerra y las condiciones tan duras en las que se les impuso la paz.

La firma del Tratado originó tensión e inestabilidad política y social, principalmente entre quienes estaban a favor de revocar el tratado y aquellos que intentaban suavizar las cláusulas más perjudiciales, lo que generó una gran división interna. Esto y las condiciones impuestas por el exterior, fueron utilizadas por el nazismo para alcanzar el poder y como pretexto para su política expansionista.

En lugar de haber sido un tratado de paz, fue uno que propicio otra guerra. La paz impuesta sirvió a Hitler como base para increpar a quienes lo firmaron. El tratado proponía y buscaba mantener al país en una situación de debilidad permanente para que nunca más fuera una amenaza… estaban en un error.

Muchos historiadores concuerdan en que quedó demostrado cómo muchos puntos del Tratado de Versalles, dieron lugar a futuros conflictos. El nazismo aprovechó el estado de debilidad y desesperación de la población germana y Hitler supo aprovechar la inestabilidad del país a su favor y dar inicio al Tercer Reich alemán. Un Imperio que renació de las cenizas y con más fuerza. Las potencias mundiales no sabían que gracias a un pedazo de papel y una firma, despertarían a un gigante que duró en paz tan solo 20 años.

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Después de haber aceptado la culpabilidad por haber iniciado la Gran Guerra, Alemania se vio sumergida en un periodo de oscuridad. Nunca aceptó que la obligaran a firmar por completo el Tratado de Versalles. El Sentimiento de injusticia se percibía entre la población alemana, principalmente por las pérdidas territoriales y las cargas materiales en forma de reparaciones de guerra que debían pagar a las potencias vencedoras.

Alemania siempre había sido dominada por burgueses hasta el fin de la Gran Guerra, pero una revolución interna en 1918 obligó al Kaiser Guillermo II y a los príncipes gobernantes de los demás estados alemanes a abdicar; así, con la caída del Imperio Alemán en 1918 y una monarquía que poco a poco se iba desvaneciendo, dio inicio a un pequeño periodo de democracia en el cual, un año después se instauró la República de Weimar – dominada por las mismas elites políticas-, la cual solo duró 11 años y su gobierno se caracterizó por una gran inestabilidad política, económica y social.

El periodo entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, fue una época de desesperación para Alemania. Humillada y débil, debía hacer frente a los cargos presentados en su contra por el Tratado de Versalles firmado el 28 de Junio de 1919.

Aunado a lo anterior y como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, los países destruidos – entre ellos Alemania – habían recibido fuertes préstamos por parte de los Estados Unidos con el fin de reconstruirse, sin embargo; los desajustes en la economía norteamericana por el gran número de créditos otorgados desencadenaron la crisis de 1929 y el apoyo financiero a los países de Europa se canceló. Al disminuir la inversión y apoyo estadounidenses, Alemania comenzó a derrumbarse ya que además de mantenerse a flote, debían responder por las deudas contraídas.

La obligación de estar pagando constantemente a Francia, más la baja capacidad de producción y el nulo crecimiento económico, generaron una creciente inflación que a su vez causó un aumento en el desempleo, llegando a ser casi de 6 millones de personas. La elevada inflación casi termina con la clase media, quienes empobrecidos y sin un rayo de esperanza, comenzaron a sentirse atraídos por los grupos políticos radicales, con la ilusión de que ellos pudieran hacer un cambio.

Las condiciones económicas y los ideales radicales, originaron que la República de Weimar cayera por su propio peso, ya que no fue capaz de solucionar sus problemas perdiendo así, la credibilidad y el apoyo de su mismo pueblo.

La inestabilidad abrió la puerta a los partidos políticos radicales, principalmente al NSDAP, Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, fundado en 1919, al cual Adolfo Hitler se unió y tras un año de afiliación, llegó a convertirse en el líder del partido comúnmente conocido como Nazi.

Hitler supo aprovechar la desesperación del pueblo alemán para llegar al poder y años después gobernar instaurando un nuevo orden político, económico y social.

El periodo entre guerras de Alemania fue uno de los más oscuros y desesperados de su historia, un lapso de debilidad que a la distancia, nos sigue demostrando que el espíritu del pueblo germano jamás se ha vencido fácilmente.

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